Datos personales

martes, 31 de mayo de 2011

Recuerdos de carretera

Creo que mi primer recuerdo de niño, o al menos uno de los primeros, es el de estar sentado en la litera del camión de alguno de mis tíos junto uno de mis primos. Es lo que tiene haber nacido en una familia de camioneros (creo que hoy, entre tíos y primos, suman una flota de entorno a 20 tráileres de gran tonelaje).

Aquel entrañable recuerdo, aparte de explicar cuales fueron mis orígenes, dice mucho de nuestra historia más reciente como país, del modelo productivo sobre el que hemos andado los últimos 30 años, e incluso, de la geografía de España. Antes de que nadie me tache de fantasma, paso a explicarme.

Como todo el mundo de más de treinta años sabe, España es el segundo país más montañoso de Europa, esto, aparte de un dato bastante idiota que uno aprendía en la ineficaz (e injustamente ensalzada) escuela pre-LOGSE, ayuda a explicar porqué en el siglo XIX, el ferrocarril tuvo menos desarrollo en nuestro país que en el resto del continente (además por supuesto, de por el atraso económico). La evidencia anterior junto con el ancho de vía distinto, y el estar en una península, justifican que tampoco en este siglo se haya podido desarrollar demasiado este medio de transporte. Para mostrar esta evidencia, veamos el siguiente gráfico donde se  muestran los kilómetros totales de líneas férreas en los diferentes países europeos:

















Fuente: Eurostat y elaboración propia

Es curioso observar como países menos poblados como Suecia (con 9 millones de habitantes) tiene una red de tren comparable a la española, pero llama más si cabe la atención, lo lejos que estamos de los países con lo que debiéramos compararnos por población, tamaño y desarrollo económico.

Bien, toca ya desvelar qué  relación hay entre mi infancia y los últimos años de la historia económica de España.

En los años ochenta del pasado siglo, se decidió apostar por las carreteras como vector de las comunicaciones de nuestro país,  tanto de mercancías como de de viajeros. Esta apuesta se traduce a día de hoy en que España (con 5.136.214) tiene la segunda mayor flota de camiones de Europa tras Francia (5.405.456), y duplica con creces el dato de Alemania. El otro hecho que evidencia esta apuesta, lo vemos en el siguiente gráfico, donde se muestran los kilómetros de autovía en Europa en 2007:

















Fuente: Eurostat y elaboración propia


Como vemos, este es uno de los pocos ranking que encabezamos en Europa, aunque a decir verdad, a lo mejor no es para estar demasiado contentos. Y es que el transporte por carretera es uno de los más ineficientes energéticamente, y a los precios actuales del petróleo, también empieza a serlo económicamente. ¿Quiere esto decir que la apuesta que hicieron nuestros gobernantes hace 30 años fue equivocada? Modestamente, creo que no, y no solamente porque mi familia se dedique a este gremio. Las condiciones de entonces, fundamentalmente el petróleo barato (se había terminado la crisis de los setenta), junto con la mayor flexibilidad del transporte por carretera, hacían, además de mejor esta elección, imposible la opción del tren.

Pero los tiempos cambian y nos encontramos con una oferta de transporte por carretera algo sobredimensionada, un petróleo caro y que lo será más, y un país, que como decía en el post de ayer, tiene una dependencia energética excesiva de los hidrocarburos.

El reto es pues incentivar los transportes marítimo y ferroviario, y reducir (y que me perdonen mis primos) la oferta por carretera. El mercado será quien se encargue de lo primero, en cuanto a lo segundo, el apoyo de las Administraciones será vital para que el ajuste no sea traumático. El futuro del transporte en nuestro país será con camiones, aunque a diferencia de lo que ha sido, no sólo con ellos.

A Dinamarca en bici, y vuelta

Hoy empieza la primera de mis cinco semanas de Rodríguez. Nieves, mi señora, está desde ayer en una pequeña ciudad llamada Roskilde (que en su día fue capital de Dinamarca), a unos 40 Km al Oeste de Copenhague. Es la segunda vez que va y en la primera tuve el enorme placer de acompañarla y no sólo por estar con ella, que también.

He estado tentado de empezar escribiendo aquello de “Dinamarca ( póngase aquí el nombre de cualquier otro  país o región) es un país de contrastes”, pero aparte de cursi y manida, en este caso la frase es tremendamente falsa. Es un país llano, con pocos bosques y sobre todo con muchas islas. El campo está lleno de granjas en las que ondea la Dannebrog  (la bandera danesa)  y las ciudades, sobre todo, de bicis.

Para que os hagáis una idea mirad este plano de Copenhague:


































Fuente: Atlas Medioambiental de Le Monde Diplomatique


En él se aprecia, en verde, la extensa  red radial de carriles-bici  por la que discurre el 38% del transporte de personas de la ciudad. Pero sobre todo, lo más impresionante son las zonas naranjas, por las que cada día transitan más de 10.000 ciclistas. En un lugar como éste usar el coche está a medio camino entre la frivolidad y la inconsciencia, y no solamente porque la bicis ganen a las cuatro ruedas en una proporción de 100 a 1; los impuestos especiales (como el de hidrocarburos o el de compra o transmisión de vehículos) son los más altos de Europa: comprar un coche de segunda mano por 5000€ supone pagar otros 9000€ al Estado.

Y mientras tanto, a unos 2500 Km al Suroeste ¿Qué ocurre?
El siguiente gráfico muestra la eficiencia energética de los diferentes países europeos, es decir, cuantas cantidades de energía se necesitan para producir una unidad de riqueza (o de PIB).


















Fuente: Eurostat y elaboración propia

En un país como España, uno de los más cálidos de Europa y con un peso de la industria (el sector más demandante de energía) menor que el de los países más desarrollados; se usa un 50% más de energía que en Dinamarca. Así que la pregunta  de en qué se gasta es tan necesaria como conocida la respuesta: en el coche.
El gran problema es que llegados a este punto pensemos que hay poco que hacer, que esto es un problema social y que si hay solución, esta pasa por que entre todos nos concienciemos de que el uso masivo del coche es insostenible. Como digo, pensar de esta forma no hace más que confundir el problema, ya que en las sociedades avanzadas los cambios, aunque pueda parecer políticamente incorrecto, van de arriba abajo. Los daneses no van en bici a todas partes porque hace 30 años un movimiento social que defendía el uso de las dos ruedas, se expandiera por el  país. Más bien al contrario, medidas como la fiscalidad del automóvil y la gasolina, o carriles- bici amplios, seguros y vetados a los coches (y no dibujos en el suelo); han hecho de un país, que siempre ha amado la bici, el paraíso del ciclista (y de cualquiera con dos dedos de frente)

sábado, 28 de mayo de 2011

La democracia es también para el invierno

Excelente,polémico y complejo artículo de José Andrés Torres Mora, hoy en El País.

El lunes pasado, las voces todavía maltrechas de algunos de mis compañeros de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE delataban el esfuerzo de la campaña. La mía también. Recuerdo bien cómo se me rompió la voz. En mitad de una plaza empecé un mitin en un tono muy alto y luego no hubo manera de bajarlo, así que durante un cuarto de hora largo defendí al presidente Zapatero y al Gobierno socialista a grito pelado.

Ahora, tras una severa derrota, no voy a decir lo contrario de lo que sostuve con tanta pasión por las plazas de nuestros pueblos. No iré contra mis propios actos. Es verdad que el millón y medio de electores que nos dieron su confianza hace cuatro años y que ahora nos la han retirado merecen que exploremos y atendamos sus razones para no votarnos; pero también es verdad que los votos de los seis millones que han permanecido fieles a nuestro proyecto merecen como mínimo igual respeto. No es fácil conciliar esa contradicción, pero conciliar contradicciones es el trabajo de la política; y del éxito en ese trabajo depende el futuro del socialismo español.

Después de una derrota, resulta más que obligado decirle a los ciudadanos que hemos entendido el mensaje y que lo vamos a atender. Sin embargo, no es fácil entender el mensaje. Porque lo que tenemos la noche electoral no es un mensaje, sino la suma de muchos mensajes, gran parte de ellos contradictorios. No es fácil deducir del resultado de las elecciones si el PSOE ha de girar a la izquierda o al centro, por la sencilla razón de que la mitad de los electores que se nos han ido son de izquierdas, pero la otra mitad se divide a partes iguales entre personas que se califican de centro y personas que no saben decir cuál es su ideología cuando se les pregunta.

Unos y otros nos fueron abandonando en diferentes momentos y por diferentes razones. Primero nos retiraron su apoyo una parte de las personas "sin ideología" y de centro. Su marcha coincidió con las críticas a la falta de competencia del Gobierno para identificar y resolver la crisis. Más tarde se marchó una parte de nuestros electores de izquierdas, coincidiendo con la subida del IVA después del verano de 2009, y con las reformas, y las críticas a las reformas, de mayo de 2010.

¿Eran ambos ataques insuperables? Los economistas más reputados de nuestro país previeron durante la campaña electoral de 2008, y para ese año, un crecimiento del 2,5; obtuvimos uno del 0,9. Nadie les ha acusado de engañar a los ciudadanos, ni se ha cebado con su incompetencia como algunos han hecho con el presidente Zapatero. En cuanto a la gestión de la crisis, conviene recordar que una crisis consiste en la suspensión de la normalidad, es decir, que resulta muy complicado tener un plan contra la crisissi no se conoce el plan de la crisis. Y las crisis no suelen contar sus planes a los seres humanos, incluso aunque sean los economistas del FMI, que hasta un mes antes de la crisis de la deuda soberana que nos llevó a los recortes de mayo exigían políticas expansivas.

Así que para ganar a los de centro, en lugar de girar a la derecha, bastaría con convencerlos de nuestra competencia económica. Después de todo, y diciendo la verdad, uno puede dejarse la garganta en las plazas de España gritando que si la economía de España no ha sido intervenida, a diferencia de las de Grecia, Irlanda y Portugal, es porque el presidente Zapatero y su Gobierno han sido más competentes que otros.

Para ganar a los de izquierdas es posible que el Gobierno pueda hacer políticas más a la izquierda, pero lo que es bastante improbable es que las haga el PP. Y, sin embargo, ha habido un número suficiente de electores de izquierdas que, en lugar de votar a IU, por ejemplo, se han quedado en sus casas y permitido que gobierne el PP. Quizá además de las políticas tengamos que hacer algo más.

Como pauta general, electoralmente nos suele ir mejor en los pueblos que en las ciudades, mejor allí donde las relaciones entre el partido y los electores son inmediatas que allí donde están mediadas por los medios de comunicación. La derecha tiene una supremacía abrumadora en los medios de comunicación. No es frecuente que las personas ricas estén dispuestas a invertir su dinero en medios cuyas líneas editoriales sean favorables a la izquierda, y también es cierto que, en ocasiones, desde los medios que siguen habitualmente la mayoría de los socialistas hay profesionales más interesados en apoyar a sus aliados dentro del partido que en informar a sus lectores con rigor y objetividad. Es verdad que esto también pasa en la derecha. Los poderes no democráticos de nuestras sociedades están consiguiendo que los ciudadanos se concentren en el control y debilitamiento de sus representantes, mientras dichos poderes campan poderosos e incontrolados por los lugares más sensibles de la vida social, incluidos los medios de comunicación.

Dicho esto, sabiendo todo el mundo que las elecciones municipales movilizan mucho menos voto que las generales, baste recordar que la abstención en las municipales de 2007 fue del 36% y en las generales de 2008 fue del 26%, los populares se empeñaron en convencer a sus electores de que el 22 de mayo se trataba de unas generales, y los socialistas nos empeñamos en convencer a los nuestros de que se trataba del gobierno de su calle. Se ve que ambos tuvimos éxito en nuestra estrategia, y los electores del PP se movilizaron como si fueran generales, y los del PSOE se desmovilizaron como si fueran locales. Ciertamente la publicación de la EPA con casi cinco millones de parados no ayudó mucho a centrar la atención en los temas locales.

Hasta aquí he querido aproximarme de manera sumaria a un diagnóstico de lo que nos ha ocurrido a los socialistas en estas elecciones. Lo que está ocurriendo después no es mejor.

Durante estos años hemos blasonado de que somos los más democráticos, de que no usamos el dedazo. Hemos presumido de que a nuestros candidatos los eligen los afiliados en una elección directa. Nos hemos dado democráticamente esas normas, y no por primarias, sino en un congreso; no por los militantes de base en una asamblea, sino por los compañeros y compañeras más experimentados, que son los que suelen ir a los congresos.

Yo me sentiría fracasado como dirigente de mi partido, si tuviera que decirle a mis compañeros que lo he llevado a tal situación de debilidad que para preservar su unidad es mejor que renuncien a una elección verdadera, y por tanto reñida, del candidato. Me sentiría fracasado si tuviera que decirles que lo he llevado a un estado de excepción en el que es necesario suspender los procedimientos que dan la decisión a las bases, para poner en marcha los procedimientos que dan la decisión a las élites. Y, desde luego no se me ocurriría, después de haber llevado al partido a esa situación, pedir que me dieran todo el poder a mí. Yo no creo que esta sea la situación del PSOE; pero en todo caso, no imagino una situación tan grave en la que el miedo haga a un socialista entregar su decisión a otros. Siempre que aparece un hombre providencial que nos exige que le entreguemos todo el poder para salvarnos debemos negarnos, sea cual sea la amenaza. Este es el precio que se paga por ser libre.

Seguir para ganar(les)

Os recomiendo que sigáis el Blog de José María Izquierdo en elpais.com, y la Trama Mediática, la columna diaria de Javier Vizcaíno en Público. Estos dos valientes le pegan un repaso diario a la Brunete Mediática a pelo, sin protector de estómago ni traje anti-radiación.

Las columnas  del facherío patrio andas revueltas por las tiendas de campaña que despueblan los montes y anidan en sus plazas, y eso, pues que queda feo. Pero esto es lo que menos les preocupa, lo importante es que esos jóvenes son unos antisitema, no proponen nada nuevo, son unos niños de papá con un iphone en la derecha, una litrona en la izquierda y una rasta en la cabeza. Que si son unos fascistas, que si no saben lo que quieren ni contra quién protestan. Que si el pérfido Rubalcaba los maneja y ellos no son más que una infantería de idiotas bienintencionados a las órdenes de ese Rasputín cántabro que quiere arrebatar, otra vez (ya lo logró el 14-M), el gobierno de ESPAÑA!! a sus legítimos dueños.

Se indignan por la ocupación de la calle: que si es un acto de violencia, que si los comerciantes se quejan, que si es un nido de mier… , que si el otro día quería ir a tal sitio, y tuve que dar la vuelta por cual otro. Pero sobre todo barruntan porque no saben de va el tema. Les ha pillado con el pié cambiado (confieso que a mí al principio también) y están desempolvando los juicios (bueno, insultos) que sacan del armario cuando la izquierda se enerva. Carlos Dávila podría rescatar hoy para su panfleto, cualquiera de sus columnas de 2003, en las que "denunciaba la hipocresía de los titiriteros del No a la Guerra".
Cuándo el movimiento estaba gestándose, la crítica venía porque no había propuestas: “No saben lo que quieren, cualquier escusa les vale para tocar los perros y sacar las flautas (o al reves)”. Ahora que las hay “no tienen ni idea, antes de proponer nada que acaben la ESO…”.

Bueno ya. Ahora a lo nuestro, que de éstos, aparte de hacer unas risas con sus barbaridades, hay poco más que sacar. Y lo nuestro es saber qué somos y qué queremos.

Anoche mientras caminaba por el campamento de Murcia pensaba que este movimiento se está constituyendo como un referente ético, recubierto de una cáscara a medio camino entre lo político y lo dialéctico. Que nadie se ofenda, eso es totalmente normal. Muy pocos de los que están ahí (vamos, creo que nadie) han tenido responsabilidades de gobierno, la inmensa mayoría no superan los 30 (si, ya sé, hay gente de todas la edades), este movimiento apenas tiene 10 días; y sobre todo, que cualquier propuesta, en sociedades tan complejas como la nuestra, tiene tal cantidad de derivadas y consecuencias, que entrar a valorarlas te condena a sumirte en la mayor de las melancolías.

La fortaleza de este movimiento no está tanto en sus repuestas como en sus ansias, en sus ganas de cambio. Las ideas que brotan a cientos en las asambleas de la tarde y en los miles de corrillos de la noche, son un caos que da cuerpo a esas ganas, a ese pulso de transformación. Pero que no se nos olvide, todo sentimiento colectivo necesita un referente físico, así que esto estará vivo mientras se vean lonas en Sol y el La Glorieta. Y esto también lo saben Ellos.

Conferencia de Vincenç Navarro

Interesante conferencia de Vincenç Navarro sobre el estado social en España.

Para ampliar información podéis acudir a esta web: http://www.observatoriosocial.org/ose/

viernes, 27 de mayo de 2011

Lo que nos queda por hacer

Ayer comentaba que nuestros valores, los  de la izquierda, pasan necesariamente por ampliar el estado social. Muchas veces esta premisa es vista como artificial, como una pose con la que justificar unos ideales que carecen de sentido en un momento en el que  sanidad, educación y dependencia ya están universalizadas, o al menos en proceso.

En un post anterior comenté cual era la participación del Estado en la economía en los diferentes países europeos. El dato para España en 2009 era 45,8% del PIB. Hay que precisar que en esa gráfica se hablaba de gasto, es decir: 45,8 euros de cada 100 fueron gastados por alguna administración pública. Este dato es alrededor de 5 puntos inferior a la media de los países de nuestro entorno. Pero lo que verdaderamente nos debe preocupar es la parte de ese gasto que va a inversión social, y sobre todo, a corregir desigualdades. Es aquí donde más recorrido nos queda por andar como sociedad. Veamos porqué
          Fuente: Eurostat, OSE y elaboración propia

El gráfico anterior mide el porcentaje de población pobre en Europa (con ingresos inferiores al 60% de la media) antes (en azul) y después (en rojo) de las transferencias sociales del Estado a los ciudadanos. Para que nos hagamos una idea: en España, sin la ayuda de pensiones, becas, prestaciones por desempleo…, el 23% de la población es pobre. Es un dato inferior a la media de los Veintisiete (UE-27), el problema está en que cuando las diferentes administraciones pretenden corregirlo, únicamente lo rebajan 3 puntos, hasta el 20%. Si nos fijamos en la UE-27 esta reducción es de 10 puntos, y en países como Finlandia, la tasa baja a menos de la mitad.

Para entender esto de una manera más clara, veamos el siguiente gráfico, derivado del anterior, que muestra que porcentaje de pobreza logra eliminar El Estado tras su intervención:

             Fuente: Eurostat, OSE y elaboración propia

Vemos que tras Grecia, nuestro país es el que menos éxito tiene en la erradicación de la pobreza. Pero hay otra consecuencia más de los datos anteriores. En Suecia, Holanda, Dinamarca, Finlandia y Alemania se alcanzan los mejores resultados. Curiosamente, también son países con  bajas tasas de paro (Holanda apenas supera el 4%) y alta productividad de su economía (Alemania es el segundo país del mundo en ventas al exterior, y Holanda vende más del doble que España).

Estos datos muestran que queda mucho por hacer, que el camino que debe tomar la Sociedad Española es el del aumento de la equidad, como valor no sólo moral, sino también económico. Y en la izquierda  debemos entender que es eso precisamente lo que nos define. Lo que nos toca ahora es hacer ver a los ciudadanos que una sociedad desigual es una sociedad enferma,  y que sus síntomas se dejan ver sobre todo en momentos de crisis como éste.

jueves, 26 de mayo de 2011

Claro que podemos

Se está generando un intenso e interesante debate dentro de todas las agrupaciones del PSOE, y en general en toda la izquierda, sobre qué debemos hacer tras la derrota. Los vectores que parecen dominar son: personas, políticas y organización. Los tres son igualmente importantes, pero hay algo, dentro del debate sobre las políticas, que me está empezando a preocupar.

Creo que la sociedad murciana no está esperando que le preguntemos qué espera de nosotros. No creo que debamos salir a la calle e interrogar a nuestros vecinos sobre cual es su idea de región o de ciudad, y digo esto porque ya formamos parte de esa sociedad, no hace falta salir a ningún sitio pues ya estamos fuera (desgraciadamente en los dos sentidos). El discurso de “Tenemos que buscar una nueva forma de hacer política”, es eso, solamente un discurso. Son palabras bienintencionadas, que parten quizá de la impotencia de ganar con lo que se tiene; pero tienen el peligro de conducirnos a un estado de melancolía por buscar lo que no existe.

Nuestros referentes deben ser claros: más estado, más protección para los que menos tienen, dejarnos de frases como que bajar impuestos es de izquierdas. Debemos fijar nuestro discurso en que es necesario acabar con el déficit social de la Región y del País (que el Informe Social de España fija en un 7% de PIB, 71.000 millones de euros). No se deben tener titubeos ni dudas, las palabras deben ser claras y rotundas y siempre sobre los siguientes ejes:
  1. Nuestra cobertura social es muy deficiente: el éxito del gobernante se ha de medir por en qué medida remedia nuestro déficit social. El fiscal es secundario.
  2. La igualdad no es sólo un fin moral, también crea sociedades más eficientes.
  3. El éxito individual es siempre una excepción. Las sociedades con estado débiles generan cientos de perdedores por cada vencedor.
  4. El problema de los servicios públicos no es su mala organización o su ineficacia, sino su infrafinanciación.
 Nuestro éxito se medirá en función de cómo podamos reconstruir un relato con los mimbres anteriores. No estoy inventando nada nuevo, esos son los viejos ideales de la izquierda, nuestros ideales. El trabajo ahora está en que estos elementos sean los que formen el guión social. Que la mayor parte de los ciudadanos perciban que sólo se pueden alcanzar mejores cotas de bienestar mejorando lo de todos: los servicios públicos.

Para que los ciudadanos nos den su confianza, no debemos cambiar nuestros referentes. Lo que necesitamos es hacerles ver cuales son sus verdaderos problemas. El camino no es buscar las repuestas adecuadas a las preguntas sociales, más bien al contrario, nuestro esfuerzo se ha de centrar en que las preguntas sean las que nuestras repuestas responden.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Kansas no está tan lejos

Hay dos cosas que llaman la atención del estado de Kansas. La primera es que la ciudad de Kansas City (valga la redundancia) no está en él. La segunda es la escusa por la que escribo este post.
¿Qué pasa con Kansas?” de Thomas Frank, es un magnífico libro que bucea en las transformaciones sociales que ha vivido su estado natal desde los años treinta del pasado siglo hasta hoy. En la época inmediatamente posterior a la Gran Depresión, este Estado, uno de los más pobres del país, vivió el nacimiento de un potente movimiento sindical agrario. Por supuesto, no creamos que miles de bolcheviques poblaban sus grandes campos de girasol. La dramática bajada de los precios agrícolas  tras el Crac del 29, y el consiguiente empobrecimiento de los campesinos, obligó a éstos a unir sus fuerzas para por una parte controlar los precios, y por otra, conseguir que el gobierno federal se implicara en sus problemas.
En la actualidad Kansas es uno de los Estados Rojos, no, no es lo que piensas, más bien es todo lo contrario. Éstos son los Estados fieles al Partido Republicano en la Elecciones Presidenciales.
El autor nos explica cómo, en apenas 30 años, en un lugar pobre y atrasado (en el contexto americano) puede cambiar tanto el relato colectivo como para que la mayoría de la población vote, elección tras elección, por un partido que hace de la desaparición de lo Público, y por tanto de la defensa de los débiles, su enseña. La razón que alega Frank es que el marco de referencia, es decir, los temas que son tratados en la calle y en los medios han cambiado. El principio de “la unión de muchos en pos de un fin”, que es el axioma que hay detrás de cualquier proyecto colectivo; se ha ido cambiando por ideales individualistas: el hombre hecho a sí mismo, el vaquero solitario que desconfía de cualquier autoridad. Y todo lo anterior aderezado con la gran implantación de las iglesias evangélicas en el Estado, que propagan una moral retrógrada y absurda que ayuda a fijar ese marco del que antes hablaba, en posiciones tremendamente conservadoras. En el libro se nos narran situaciones tan absurdas como que legiones de pobres de solemnidad, lo que allí llaman basura blanca, se movilicen contra cualquier medida, ya sea estatal o federal que suponga una mejora en sus condiciones de vida por considerarla intervencionista.
Es curioso, pero mientras leía este libro, no dejaba de pensar en cierta parte del Sureste Español

¿Por qué lo llaman liberalismo cuando quieren decir estupidez?

Siempre he creído que más que la maldad, el egoísmo o la ambición, son la estupidez y la desidia las que hacen mover al mundo. Si alguien no me cree, que intente recordar la última vez  que se sintió mal por fallarle a alguien cercano. Seguro que aquello tuvo más que ver con un olvido o una falta de atención que con nuestro talante maquiavélico. Pues bien, además de pasarle a usted, créame, también le pasa a la mayoría de sus vecinos.

Y lo anterior ¿a cuento de qué? Paciencia, todavía nos queda otro pequeño experimento. Me gustaría que pensara en dinero, en mucho dinero, pero no en su cuenta bancaria, me refiero a que piense en alguien realmente rico. Piense en cómo llegó esta persona a tener lo que tiene y, sobre todo, en como lo multiplica y en el poder que este dinero le da. Es posible que haya imaginado que ese dinero le de la suficiente influencia sobre los políticos y la sociedad en general como para que se le concedan ciertos privilegios, como pagar menos impuestos o que las leyes se hagan sin que se toquen sus intereses.

Pero un momento, en el primer párrafo habíamos acordado que la ambición y la maldad no eran para tanto, entonces…

Nadie puede negar que cuando tienes cien millones, haces lo que sea por conservarlos, y si se puede, aumentarlos. Y todos sabemos que con cien millones se pueden hacer muchas cosas. Lo curioso es que en España, tres mil personas de clase media elegidas al azar tienen un patrimonio conjunto que supera al de ese poderoso ricachón, pero es más que evidente que el poder real que tienen es muy inferior.

Pues bien, es hora de que nuestra amiga la estupidez nos diga cómo se resuelve esta aparente contradicción. A principios de los años ochenta llegaron al poder en EEUU y Reino Unido Ronald Reegan y Margaret Thacher. Los dos políticos fueron los primeros en aplicar un programa económico que apostaba por reducir los impuestos a los ricos, bajando así los ingresos, y privatizar la mayor cantidad de servicios públicos posibles, para de esa forma también reducir los gastos. Podríamos pensar que qué malos fueron o que seguro que estaban comprados por el gran capital. Lo curioso es que el padre de esta corriente económica, Milton Friedman, era un austero profesor de la Universidad de Chicago y no un gordo banquero fumador de puros (por cierto, también defendía la liberación del comercio de drogas, pero ese es otro tema).

La razón por la que los Chicago`s boys  (los alumnos de Friedman), querían bajarles los impuestos a los ricos era la siguiente: los ricos son ricos porque son los mejores gestionando dinero, así que nadie mejor que ellos para moverlo. Por otra parte, los servicios públicos son deficitarios por una razón: están en manos del estado, que no es más que una entidad manirrota e ineficaz. Hace falta pues que el gran capital tome las riendas de servicios básicos como la educación o la sanidad.

Esta corriente de pensamiento se extendió como la pólvora. Prueba de ello es que uno de estos “boys ocupó la cartera de economía de países como el Chile de Pinochet (que fue el laboratorio de estas ideas). Se presentaban al mundo como un grupo joven, con ideas modernas y frescas, que querían acabar con el “decrépito” Estado del Bienestar europeo que nació tras la Segunda Guerra Mundial.

Nadie reaccionó. La nueva izquierda europea, más preocupada por la revolución de los valores morales,  estaba en estado de shock tras el fracaso del Sesenta y Ocho. Y la vieja, seguía creyendo en la moribunda dictadura soviética.

Quizá no es fácil entender la razón por la que alguien está dispuesto a querer acabar con un sistema de protección social que, además de defender  la libertad de todo ser humano, le garantiza absoluta seguridad material desde la cuna a la tumba. Pero lo que es absolutamente increíble es que legiones de ciudadanos de esos estados, y por tanto beneficiarios de los mismos, clamen: “dejen de ayudarme y quiten sus sucias manos del dinero de los ricos. Nosotros pagaremos por ellos

En una sociedad democrática y moderna es imposible que una idea, por muy noble que sea, se imponga si no cuenta con un soporte ideológico y un sector significativo de la población que la apoye, y en este país, como dijo Emilio Botín: “ricos, ricos, lo que se dice ricos somos muy pocos”.  Así que no pueden ser que sólo los poderosos den cobertura al liberalismo económico.

Resumiendo: en todo Occidente, legiones personas de clase media alzan una misma exigencia  a sus gobiernos:”No queremos ni escuelas ni hospitales si a cambio, esos pobres millonarios tienen que pagar más impuestos

Así que ¿Ambición o estupidez?

martes, 24 de mayo de 2011

Lo Público, lo que es, lo que era y lo que debemos hacer que sea

Creo que fue ayer en la SER donde escuché a un chico, de los acampados en Sol, plantear alguna de las propuestas, que según él, se han debatido en las múltiples asambleas celebradas desde hace ya una semana. Casi todas ellas pasaban, como la creación de una banca pública, por que  el Estado tome más protagonismo en el tejido productivo del país. Como ya dije en un post anterior, lo público es siempre más eficiente, cuando hace lo que mejor sabe hacer: dotar de servicios a la ciudadanía, ayudando a la promoción social y al bienestar de todos. El problema es determinar que materias cumplen la premisa anterior. Está claro que garantizar educación y sanidad para todos sí y producir calcetines no, pero ¿Y el negocio bancario, y la producción de acero o de coches?
En 1974, con el tirano a punto de dejarnos en paz, el PIB español (la cantidad de bienes y servicios que produce la sociedad en un año) era de 15.800 millones de euros de la época, al cambio se entiende. Para que nos hagamos una idea, el actual supera el billón de euros. De esa cantidad, el Estado central manejaba el 24%. Es decir, el gobierno gastaba 1 de cada cuatro pesetas de la riqueza total para pagar educación, pensiones, sanidad, ejército (en aquel año el 10% del presupuesto total); pero también en subvencionar a las muchas empresas públicas que estaban en manos del Estado a través de INI (el Instituto Nacional de Industria).
El régimen de Franco era tremendamente caótico en prácticamente todo, pero especialmente en materia fiscal. Existía una gran variedad de impuestos directos e indirectos, y lo que hoy conocemos como impuesto de la renta, apenas suponía el 1,3% de lo recaudado.
Era pues un régimen tremendamente intervencionista en lo económico (todavía más en lo social) y muy endeble y reducido en lo que a gasto público se refiere, esto último motivado por la ausencia de una política de impuestos seria y rigurosa.
Hoy en día la mayor parte de los países europeos apenas participan en el tejido productivo de sus países. Algunos conservan pequeños porcentajes de participación en antiguas empresas públicas privatizadas, como ENEL en Italia; pero la tendencia global es a desprenderse de estas participaciones. ¿Está motivando esto que el Estado en Europa sea más reducido?
En el gráfico siguiente se muestra que porcentaje del PIB controlaban los diferentes estados europeos en 1999, en azul, y en 2009, en rojo. El número que aparece es el correspondiente a este último año.
                                                                                 Fuente: Eurostat y elaboración propia

Como vemos, en casi todos los países los procesos de privatizaciones de empresas públicas no han mermado el peso del Estado en la economía, antes al contrario, en casi todos ellos éste ha aumentado. La razón fundamental de esto es que el estado ha pasado de ser empresario e ingresar los beneficios de sus empresas rentables (y costear las pérdidas de las que no), a ingresar de todas, pero ahora vía impuestos. Para comprender la magnitud de esto veamos un ejemplo. En 1974, Telefónica de España, empresa entonces pública, ingresaba al Estado en concepto de canon por llamadas, el  0,08% del PIB. Hoy, esta misma empresa, ya privatizada, aporta sólo en concepto de impuesto de sociedades casi 5 veces más: el 0,38% del PIB, 3829 millones de euros.
Creo que el Estado no debe estar dentro del tejido productivo de un país, como en parte planteaba el chico del que hablaba al principio. Pero, sobre todo, no puede estar al margen de su vida económica, como plantean los apóstoles de la libertad económica (que básicamente se traduce en libertad para explotar al vecino). El estado debe regular el mercado, vigilar que no se cometan excesos (y aquí hay mucho, pero que mucho por hacer), detraer los recursos suficientes para mantener y aumentar el Estado del Bienestar, y siempre ser la primera y única autoridad de un país.

lunes, 23 de mayo de 2011

Porqué perdemos

Mi pueblo fue ayer una de las pocas alegrías que se llevó el PSOE, y eso que apenas somos 2700. Pero vencer estando en la oposición, en Castilla La Mancha y en el pueblo que más dirigentes ha dado al PP provincial, tiene su punto.
Lo amargo vino después, cuando empezaron a llegar noticias de otros pueblos, y más tarde de Castilla La Mancha. La verdad es que mi vuelta a Murcia fue más bien triste. Una vez aquí, y a eso de las 3 de la mañana, me puse ver los datos de la Región, y cual no fue mi sorpresa cuando vi que el PSOE en la capital había sacado los mismos concejales, 6,  que nosotros. Alguien se está encargando de escavar el suelo electoral del PSOE y puede que no haya acabado.  
Según el CIS  (Centro de Investigaciones Sociológicas), la ubicación ideológica de los españoles está levemente por debajo de 5 (4,79) , siendo 1 la ultraizquierda y 10 el extremo opuesto. Igualmente, pero con menor periodicidad, publica el mismo estudio en cada Comunidad Autónoma. Aquí tenéis un gráfico que muestra la distribución de este dato en las 17 comunidades autónomas.
          FUENTE: CIS y elaboración propia
Paradójicamente es tremendamente difícil sacar conclusiones políticas de estos resultados, porque para muchos, el ser de izquierdas o derechas, además de tener que ver con cómo se gestiona lo público, está íntimamente ligado al relato político que se construye en su entorno: familia, amigos, trabajo. Estos relatos marcan cuáles deben ser las prioridades de una comunidad y como consecuencia de ello, cuáles deben ser las cualidades del partido o del líder ideal dentro de ella. Es decir, si la idea fuerza es por ejemplo la defensa del agua y este tema se va filtrando en todas las conversaciones, apoyado por el correspondiente eco en los medios, el partido ganador será el que logre exhibirse como el mejor garante de esa causa.
Para apoyar este argumento veamos la evolución ideológica de la Región de Murcia en los últimos años. En apenas 15 ha pasado de tener una ubicación algo por encima de la media nacional, a ser la región más a la derecha. Vemos pues que lejos de ser una variable estática, la ideología de un colectivo es tremendamente moldeable.
                                                    









Evolución ideológica en la Región de Murcia
 FUENTE: CIS y elaboración propia

Creo que es  el gobernante el que fija los temas de debate y por tanto, el relato. Según el éxito que tenga en ello, la ciudadanía le premiará asumiendo todo su ideario. Así pues, ganar unas elecciones no es la consecuencia de que en una región se piense de una determinada manera. Más bien al contrario, la ideología del colectivo es reflejo de la del partido en el poder, y la prueba es que en Murcia, según el gráfico, el cambio ideológico se aceleró ya con el PP en el poder y no antes.
La tarea de que la izquierda recupere el poder en Murcia es titánica, pero en todo caso, pasa por apropiarnos del relato, no por interpretar cual es el sentir de la calle. Las calles no sienten, se barren por la noche.

viernes, 20 de mayo de 2011

Situación fiscal en Europa

La OCDE acaba de publicar un interesante estudio donde se desglosa por una parte, cuáles son los costes laborales en cada país; así como qué parte de esos costes detrae el Estado en concepto de impuesto de la renta y de Seguridad Social.  En la tabla siguiente se muestra, en azul claro cuál es porcentaje del coste laboral que se va en pagar estos dos tipos de impuesto: Renta y Seguridad Social. En azul oscuro se representa únicamente la parte de seguridad social. La diferencia entre ambos valores corresponde al IRPF
          Fuente: OCDE y elaboración propia

En un primer vistazo al gráfico llama la atención el dato de Bélgica, donde más de la mitad del salario bruto va a parar al Estado. El dato es particularmente curioso si se tiene en cuenta que es uno de los países europeos con mayor deuda pública (casi el doble que la española).
Pero quizá, de donde podemos sacar más conclusiones es de comparar el comportamiento de los países escandinavos con el de Grecia. En los primeros, encontramos la mayor distancia entre ambos tipos de impuesto (como en Dinamarca, donde el IRPF es tres veces mayor que el pago de Seguros Sociales; entre otras cosas porque el empresario no paga nada en este concepto). Mientras que en Grecia la distancia se limita a apenas 2 puntos.
Es demasiado aventurado, y sobre todo muy poco científico, sacar conclusiones sobre la correlación entre la salud de un país y cómo se reparten los impuestos directos. Pero no es descabellado pensar que la existencia de una sola tasa sobre los salarios, que financie tanto los seguros sociales como el gasto corriente del estado, aumenta la eficiencia y simplifica el sistema.
En España por ejemplo, el coste laboral medio es de 44.874,6 euros, de ellos el 23% lo paga directamente el empresario a la Seguridad Social, por los que el salario que realmente “ve” el trabajador es de 34.552,44. También en concepto de Seguridad Social, el trabajador aporta, de media, el 4,9% del coste laboral; esto es, 2.198,85 euros. Por último, el 11,7% lo paga el empleado en concepto de IRPF.
El hecho de que el dinero vaya a dos cajas diferentes, que por ley no pueden conectarse, genera algunas ineficiencias. Un buen ejemplo de ello lo vemos en la actualidad, donde por un lado la Seguridad Social registra superávit, y por otro, el resto de las Administraciones están padeciendo uno de los mayores déficits que se recuerdan. La única vía que la Ley permite para que la primera financie a las segundas es la compra de deuda pública, es decir: el Estado (bajo la forma de la Administración Central) le pide prestado al Estado (bajo la forma de Seguridad Social) y le paga intereses por ello.
Los cambios de hondo calado, como el que aquí se sugiere, necesitan  de un amplio debate social y sobre todo de  tiempo. Sin embargo, en economía dos más dos son cuatro pero mil más mil, si se hacen bien las cosas, pueden ser tres mil.

Reflexiones de Jose Carlos Díez sobre Democracia Real

Os dejo aquí la última entrada del bolos de "El Economista Observador" de José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. Creo que es uno de los más lúcidos analistas económicos que hoy se pueden leer, y además es optimista.

Democracia Real Ya

Un bloguero me pregunta mi opinión por el movimiento Democracia Real Ya, DRY. Este economista observador ha preferido esperar unos días para dar su opinión sobre un movimiento espontaneo, inesperado y caótico. No obstante, el movimiento va tomando forma y reconozco mi simpatía hacia las personas que se manifiestan. Por desgracia no he podido estar personalmente en Sol por lo que el trabajo de observación que voy a realizar es alejado e incompleto. Uno va cumpliendo años pero yo también fui manifestante en la huelgas de estudiantes de 1987 y luego en la huelga universitaria en 1993 y lo recuerdo como uno de los momentos más felices de mi vida. Decía Andy Wharholl que todo el mundo tiene derecho a sus quince minutos de gloria y los jóvenes se sienten útiles e importantes en este tipo de eventos. Luego las discusiones son apasionantes y el movimiento asambleario al principio tiene un halo romántico que enamora.
Ya he comentado anteriormente que la democracia es el peor sistema si eliminamos al resto de los que conocemos. No obstante, al final el menú de opciones reales para gobernar en unas elecciones es reducido y siempre hay riesgo de que el sistema se pervierta y acabe siendo una dictadura de las mayorías. A esto hay que sumar un cambio tecnológico como internet que sólo es equiparable a la invención de la imprenta, de la radio o de la televisión. Hasta la imprenta escribían muy pocos para que leyeran muy pocos. Luego seguían escribiendo pocos pero los libros permitían que leyeran muchos. Ahora internet y las redes sociales permiten que escribamos muchos y leamos muchos.
La tecnología cambia lentamente pero la sociedad y las costumbres lo hacen aún a menor velocidad pero DRY es un movimiento muy de internet y por eso tiene tanto éxito. Hoy muchos corresponsales extranjeros me han preguntado por el movimiento y les he notado desconcertado. La prensa internacional no entiende que con una tasa de paro del 20% no haya una convulsión social y esperaban esta reacción pero a la griega con gente encapuchada haciendo barricadas y quemando contenedores. Lo que no esperaban es que los manifestantes pidieran una regeneración democrática, de manera pacífica lo cual le da un tinte romántico que lo asemeja a Mayo del 68. Un buen amigo que vivió el 68 francés me ha dicho que ellos leían filosofía y estos escriben en unos pocos caracteres pero ellos son analfabetos digitales.
Mi intuición me dice que el movimiento tendrá efectos duraderos y conseguirá cambiar las estructuras sociales, aunque no creo que acabe en una revolución. Los jóvenes no son culpables de la crisis pero si padecen sus consecuencias y tienen derecho a que los programas de los partidos incluyan medidas para sus problemas y no para los de sus padres o sus abuelos y este movimiento va a conseguir avances en este sentido. Seguramente no en estas elecciones ya que los partidos están a pocos días de jugarse cuatro años de trabajo y el elevado riesgo los paraliza y les impide reaccionar. Sin embargo, creo que los efectos serán más evidentes en los programas de las elecciones generales.
La duda es si el movimiento asambleario tendrá capacidad para armar un relato coherente, con ideas concretas que mantengan la ilusión y suba al tren a tanta gente como ahora sigue el movimiento. Cuando eso suceda, lo más probable el movimiento perderá su halo romántico que es una de las claves de su éxito. Si lo que se mantiene en el futuro son las propuestas actuales la mayoría simplemente no son viables desde un punto de vista económico en un país con dependencia del ahorro externo en medio de una crisis financiera y con desconfianza de los inversores internacionales. Se puede criticar a los mercados y pedir mejoras pero tomar medidas que aumenten sus dudas implicaría cerrar bruscamente nuestra dependencia del ahorro exterior y lo tendriamos que generar dentro. Para ello habría que aumentar disminuir el consumo y reducir la inversión. O sea entrariamos de nuevo en recesión y aumentaría la tasa de paro, incrementando el descontento y DRY acabaría siendo criticado por lo mismo que ahora critica.
Los medios me han pedido hoy opinión sobre las implicaciones económicas pero si aún no sabemos cuál serán las implicaciones sociales y políticas es imposible estimar las económicas. Me ha sorprendido como los medios conservadores hoy se han puesto radicalmente en contra del movimiento. En los partidos parece que el PP se siente más incomodo. Hasta ahora el PP ha movilizado a su electorado y ha ganado la batalla de la calle con temas como lo de Bildu y las victimas del terrorismo. No obstante, por las fotos que he visto de la puerta del sol y otros lugares no he visto a mucha gente con pantalones dockers y camisas Ralph Laurent que es el perfil tipo de jóvenes que ves en los mítines y en las manifestaciones del PP.
Lo más importante es que el movimiento siga siendo pacífico o perderá la batalla de la opinión pública y el respaldo social. Segundo, después de las elecciones está por ver la capacidad del movimiento para elaborar un relato coherente con medidas concretas que mantenga viva la llama  y el éxito del movimiento. Hasta entonces, como decían en París en el 68 “prohibido prohibir” y este economista observador hará todo lo posible para ir a la manifestación del sábado. Este blog es un ágora pública que está a disposición del movimiento para comentar sus propuestas económicas.

jueves, 19 de mayo de 2011

La eficiencia del Estado

Uno de los análisis más lúcidos que he leído sobre la caída del comunismo lo hizo John Kenneth Galbraith en "Un viaje por la economia de nuestro tiempo". Según el autor, este régimen fue incapaz de responder a las millones de demandas de productos “pequeños”, que requieren los ciudadanos en su día a día . De tal forma que si bien la URSS fue líder mundial, casi hasta el año 89, en producción de acero, los calcetines eran poco menos que un artículo de lujo, cuya adquisición necesitaba meses en una lista de espera.

Lo que Galbraith quería subrayar era que la planificación centralizada de la producción no puede preveer, por razones obvias, la infinidad de necesidades, muchas veces cambiantes, de una población de más de cien millones de habitantes. Pero argumentaba igualmente, que el efecto escala (más eficiente cuanto más grande) hacía que, en áreas como la antes citada del acero o la industria militar, se alcanzarán valores de producción, y de productividad, comparables a los de Occidente. Prueba de ello fue la estatalización de empresas de servicios públicos básicos que se llevó a cabo en muchos países de la Europa Occidental tras la Segunda Guerra Mundial.

Es un poco pobre afirmar que la única enseñanza que nos ha dejado la caída del comunismo, haya sido que el Estado no puede dedicarse a fabricar calcetines, pero si nos centramos en lo económico (es decir, sin entrar en el ámbito de las libertades individuales), poco más se puede añadir.

Un buen ejemplo lo tenemos en España. Para muchos, incluso muchos de los que viven gracias a él, el Estado es poco menos que un nido de vagos y un lugar donde la desidia y la ineficacia reinan por todas partes. Contra este esquema, se presenta a la empresa privada como ejemplo de optimización de recursos. Pues bien, creo que en este caso los números y el relato de los hechos no viajan en el mismo tren. Me explico.

En 2010 las 35 empresas del IBEX-35 tuvieron unos ingresos de 240.606,01 millones de euros (dato de 2008) y unos beneficios de 51.636 millones. Para conseguir esto, dispusieron de 1.200.000 trabajadores. Estos trabajadores estuvieron gestionados por unas cúpulas empresariales que entre altos ejecutivos, consejeros de dirección y otros mandos, ingresaron algo más de 853 millones de euros.

Comparemos estos datos con los del Estado Central, una de las tres administraciones del Estado en España. Durante el pasado año trabajaron para él algo más de  550.000 funcionarios, menos de la mitad del dato de las empresas del IBEX. El dinero total que se gestionó supera los 120.000 millones de euros por parte de La Administración General del Estado el presupuesto y 107.376,63 millones de la  Seguridad Social. En cuanto a los gastos de la “cúpula directiva”, y según los Presupuestos Generales del Estado de 2010, toda la estructura del poder legislativo (Parlamento, Senado, Defensor del Pueblo, Junta electoral Central, incluyendo a los miles de funcionarios electos o no que trabajan para alguna de estas instituciones), costó algo más de 230 millones de euros, entorno a la tercera parte del dato equivalente de las empresas del IBEX, que recordemos, sólo incluía la remuneración de los directivos.

Por otra parte, si comparamos el sueldo del presidente del gobierno y el de su colega en Telefónica (Cesar Alierta), este último tuvo unos ingresos el año pasado  (2,4 millones de euros), 30 veces superior a los del primero (78.000€).

La comparación no deja lugar a dudas. Nuestra "ineficaz" Administración Pública paga mucho peor a sus trabajadores, gestionan prácticamente la misma cantidad de dinero y lo hacen sirviéndose de menos trabajadores que el sector privado.

Está bien que los calcetines no los compremos en una ventanilla única pero a la hora de criticar lo público, lo de todos, a los que lo gestionan y a los que trabajan en él no estaría mal tener algún dato más que acompañar a tanto prejuicio

Declaración de intenciones

Pretendo con este blog reivindicar y defender lo público. Quiero demostrar que la gestión de algunas materias desde lo público, tiene, no solamente superioridad moral frete a lo privado, sino  además el aval de la eficacia.
Sin duda, el anterior es un ambicioso objetivo, aunque para empezar me conformo con la continuidad.