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sábado, 19 de mayo de 2012

Kurzarbeit


Kurzarbeit, era la palabra de moda hace un año en el mundo de las relaciones laborales, y que a día de hoy, parece haberse disuelto en el éter. Para los que no lo recuerden, define el modelo laboral alemán e implica reducciones de jornada, con la consiguiente bajada de sueldo (y a su vez compensada con subsidios de desempleo del Estado), para hacer frente a crisis económicas.

¿Y qué tiene esto que ver con lo que nos está pasando aquí? Pues que la mayoría comunidades autónomas van a hacer justo lo contrario el año que viene: despedir a miles de funcionarios interinos y aumentar la jornada de los que quedan.

La virtud del modelo alemán radica en que mantiene dentro del sistema a los trabajadores y mejora su actitud y aptitud ante y hacia su profesión. Esto se pone más en evidencia cuando se requiere de una alta formación para desarrollar un trabajo, como en el caso de profesores y sanitarios, que además de necesitar una titulación superior para desempeñar su oficio, requieren de un continuo reciclaje y del contacto con otros compañeros.

Los miles de dramas familiares que generará la estúpida política del PP esconderán otro drama que nos afectará como país: tirar a la basura toda la inteligencia acumulada por todos esos profesores, maestros, enfermeros y médicos que se irán al paro o a otro país.

martes, 13 de marzo de 2012

Paseando por El Tiro


  Los lunes los suelo dedicar a ir cine, por aquello de que apenas hay gente y que los eternos estudiantes tenemos el mismo descuento que el Día del Espectador. Últimamente voy al Centro Comercial El Tiro, que para los que no seáis de Murcia, es el enésimo, y de momento último, centro comercial que la iniciativa privada, en este caso El Corte Inglés,  ha puesto al “servicio” de los murcianos. Siempre llego con algo de tiempo, así que me suelo dar un paseo por los pasillos vacios del Centro, y mientras,  me voy indignando recordando algunos de los mantras que, a fuerza de repetirlos, se han convertido en verdades incuestionables. Aquello de que “quien arriesga su dinero en un negocio, lo suele emplear mejor” o “cada uno, si es con su dinero, que haga lo que quiera” o “si esto lo hacen así, es porque lo tendrán estudiado”.

  Pero la cuestión es que, pese a que la gente puede que arriesgue su dinero en montar un negocio, en los últimos 3 años se han dado de baja más de un millón de empresas. Y quién piense que esto ha sido por la crisis, que sepa que solo en 2006 fueron cerca de trescientas mil las que bajaron la persiana.
En cuanto a la impunidad que tienen los inversores privados por aquello de que usan su dinero, se debe saber que todos los problemas que tiene la economía española vienen precisamente de las decisiones de esos inversores. La deuda privada  (de hogares y de empresas) de nuestro país es cerca de cuatro veces mayor que la pública (La del Estado, de las CCAA y de los ayuntamientos).

  Y en cuanto a que toda idea de negocio está amparada por unos sesudos análisis, Keynes planteaba que los seres humanos nos guiamos más por nuestra ideología que por nuestros intereses. Eso explica que si hay una corriente de fondo, como la de que la vivienda siempre sube de precio, muy pocos tienen la suficiente cordura para reparar en lo obvio.

  Si analizamos un sector económico escogido al azar, es  muy probable que esté sobredimensionado. Como el caso de los macrocentros comerciales de los que hablaba al principio, éstos no surgen porque haya una necesidad ciudadana de sus servicios. Nacen porque quieren quedarse con una porción de tarta que, desgraciadamente, ya está repartida. Es fácil deducir que para que pueda existir una verdadera competencia, se hace necesario un exceso de oferta que consume unos recursos escasos y valiosísimos. Así, vemos como nacen cientos de tiendas vacías, en contraste con la saturación con la que empiezan a funcionar colegios y hospitales públicos.

  Si nos escandalizamos por las obras faraónicas de ayuntamientos y comunidades autónomas en los últimos años, pongamos el grito en cielo, o donde sea, por los desmanes  de la iniciativa privada, que son muchos más.

sábado, 25 de febrero de 2012

Ideología travestida

Dice hoy el ministro Wert, siguiendo al pie de la letra el argumentario que esta mañana se ha distribuido entre los miembros del PP, que los problemas no se resuelven con manifestaciones. El gobierno, nos dicen desde Génova, está cogiendo por fin el toro por los cuernos y afrontando con responsabilidad los serios problemas que tiene España. Es decir, lo que esta gente nos viene a decir es que ellos son los que tiene una visión adecuada de la realidad, que a los males que sufre nuestro país solo se les puede hacer frente con medidas duras y realistas, y que todos los que no andamos en esa línea estamos, en el mejor de los casos, manipulados por esa hidra multiforme que la Izquierda (¿internacional?), y en el peor, buscamos derrocar al gobierno para instaurar de nuevo la Dictadura Zapaterista.

Pero lo que nos plantean como soluciones realistas, elaboradas por sabios economistas guiados por el Saber y el Amor a España, no es más que ideología liberal rancia y trasnochada (los principios de esta doctrina tienen más de 250 años). La liberalización de los mercados tiene tanto sentido como la erradicación de las campañas de vacunación. Ambas siguen la misma lógica: solo pueden sobrevivir los más dotados.

Pese a la pereza que da tener que repasar el preescolar de la Teoría Económica, debemos recordar que:

a) El principio de la “Mano Invisible” que enunció Adam Smith hace 250 años, según el cual de la búsqueda del beneficio particular redunda el de todos, es una superstición más como la de no pisar baldosas rojas o usar los mismos calzoncillos para hacer exámenes.


b) La función del Estado es la de proteger el Interés General de los privilegios de unos pocos.


c) Las medidas que empequeñezcan el Estado y potencien el mercado, tienen el mismo sentido que las que patrocinan la eliminación del alcantarillado público, la electricidad o los análisis de sangre: acercarnos a la Selva.


d) Ideas como el abaratamiento del despido o los recortes públicos en tiempos de recesión, son medidas procíclicas que tienden a deprimir más una economía, son profundamente ideológicas y no hay precedentes de que hayan funcionado.