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martes, 22 de noviembre de 2011

La Bondad en Política

En su artículo del pasado día ocho en El País, Fernando Savater se quejaba de la levedad intelectual que ha caracterizado las dos legislaturas de Zapatero. El autor parte del libro “Lágrimas Socialdemócratas” de Santiago González, donde se nos expone una crítica inteligente (por fin) a los siete años de Zapaterísmo. Su tesis es que Zapatero buscó la centralidad moral y no la política (a diferencia de la mayoría de los políticos); es decir, construyó un relato de su acción política en el que La Bondad era una de las causas inspiradoras: La retirada de las tropas de Irak se hizo, además, porque las guerras son nefastas y causas muertes; se aprueba el Matrimonio Homosexual porque el amor no debe conocer barreras.

Concluye Savater que esta forma de obrar es perversa pues el político no es un moralista: el segundo puede guiarse según sus principios, el primero debe tener siempre en cuenta las consecuencias de sus decisiones (Max Webber).

En pleno siglo XXI la acción de un gobernante no debe evaluarse por cómo aceptan los ciudadanos sus actuaciones, sino por cómo consigue que los ciudadanos las necesiten. La mayoría de nosotros somos ante todo morales, medimos la bondad de una acción por lo que la inspira y no por las derivadas que esta pueda tener.  Por eso creo que rodear de un relato de bondad a todas sus políticas, ha sido, contra lo que afirma Savater, el gran éxito de Zapatero, sobre todo en su primera legislatura.

Contra este principio, lo que nos viene ahora es el “si escuece, cura”  de los conservadores, donde el grado de aceptación de una medida será directamente proporcional al número de gente que fastidie.

martes, 19 de julio de 2011

¿Quién nos metió en ésta?


La repetición de ideas simples y primarias es el único axioma que figura en la entrada de los estudios centrales de La Fox, la cadena estrella de Rupert Murdoch en Estados Unidos. Los aprendices de brujo españoles del magnate australiano siguen la misma idea (?). En dos horas de cualquier tertulia nocturna se despliegan siempre las mismas tres consignas, aderezadas, eso sí, con una diversidad infinita de insultos. Al margen de las equiparaciones de Zapatero y Rubalcaba con el Anticristo, me quiero detener en la ideología (de nuevo, ?) económica de la caverna, y en la única idea que le da cuerpo: nuestro problema es el excesivo gasto público.

Las dos preguntas fundamentales sobre el dinero son “Quién y cómo se usa”. Lo puede usar lo público o lo privado, y en cuanto al cómo, pues ingresándolo o  gastándolo. De suerte de lo anterior, se nos plantea, combinado las respuestas, cuatro categorías diferentes:

Ingreso Público, Gasto Público, Ingreso Privado, Gasto Privado.

Pues bien, es posible explicar la crisis y postular soluciones aludiendo a las 4 categorías anteriores y, sobre todo, a las relaciones entre ellas y sus pesos en el conjunto total de la economía.

Pero volvamos a nuestros amigos intereconomicos liberaldigitales. Nos habíamos quedado hablando de su matraca del gasto público. Su tesis la suelen sustanciar en denuncias de altísimos sueldos de políticos, corruptelas varias, mala gestión del dinero público, etc… Da igual que los políticos en España sean de los peores pagados de Europa (incluso descontando el  diferente poder adquisitivo de los países). Da igual que tengamos uno de los servicios de salud más universales, más baratos y mejor valorados del Mundo. Da igual que el número de casos de corrupción en nuestro país sea igual o inferior a la media de Europa (no pasa lo mismo con la percepción, que sí es mucho mayor). Lo que se quiere ocultar es que han sido los excesos privados, a veces consentidos desde lo público, los que nos han metido en este lío.

Nuestro problema en los años del Boom fue el excesivo gasto privado, asentado fundamentalmente en la financiación. Esto ha llevado a que la deuda privada de nuestro país sea 7 veces mayor que la pública. Aparte de que el gasto privado estaba desbocado en estos años, su ineficacia la podemos palpar los que vivimos en Murcia, donde miles de casas se construyeron en medio de secarrales, para no ser habitadas por nadie.

Vemos pues, que tuvimos un Gasto Privado excesivo e ineficaz, costeado con unos ingresos venidos fundamentalmente del exterior (que ahora hay que devolver). Mientras, el gasto público se limitó a costear los servicios básicos de una población que en apenas 10 años, aumentó un 15%.

¿Y ahora qué?  Pues nos toca domesticar el inestable y alocado comportamiento de Lo Privado. Es preciso subir los impuestos indirectos (IVA, impuestos del tabaco y alcohol o los combustibles), no tanto para recaudar, como para rebajar el peso del consumo privado en nuestra economía; es decir desincentivar el consumo. Necesitamos desarrollar más el Estado Social, cuyo mayor proveedor es la Administración Pública, además de por razones de justicia, porque con un coste relativamente bajo (un 5% del PIB español) se crearían más de un millón de puestos de trabajo públicos (no necesariamente de funcionarios), que es el déficit que tiene nuestro país en gasto y personal público con respecto al resto de Europa.

 Pero pese a que los datos reales y las palabras del TDT-party parecen no llevarse bien, están consiguiendo su objetivo de desprestigiar a lo público, incluso entre personas pretendidamente de izquierdas.  Deberíamos reflexionar sobre el alcance de frases como “sobran funcionarios”, “la política es un cáncer de nuestra sociedad”, “nos cuestan demasiado” o “no nos representan”, entre otras cosas porque son la esencia de la ideología de nuestros advesarios. 

miércoles, 29 de junio de 2011

Construcción de la convivencia

La palabra bárbaro era usada por los griegos para aludir a aquellos que balbucean, esto es, a los  incapaces de hablar la Lengua de Platón. La unidad lingüística es condición necesaria para el (re)conocimiento del otro. Aunque no suficiente, como lo prueba el exterminio nazi de judíos, muchos de los cuales anteponían la categoría Patria (alemana) a la  Religión. Es recomendable la lectura de LTI (Lingua Tertii Imperii) de Victor Klemperer.

Lo que sí parece claro es que la unidad en un Relato Mínimo, sobre el que vertebrar la coexistencia, es la clave para formar una comunidad política. Ha habido momentos en nuestra Historia en los que el otro, era un espantajo recreado con los peores mimbres.

Paul Preston, en su último libro El Holocausto Español,  nos relata cómo durante la Republica se cultivó, por parte de algunos medios, la creación de La Caricatura del Otro. Como se trabajó el odio para que el distinto dejara de ser visto, incluso, como humano. Nos describe, por ejemplo, la visión del enemigo que tenían las tropas africanistas enviadas a Andalucía para sofocar varias rebeliones en el año 1932. Para estos legionarios, los hambrientos campesinos alzados  en armas, eran una raza inferior, comparable a los rifeños que masacraban en el Norte de Marruecos.

El éxito que como sociedad hemos alcanzado se mide en la cantidad de lugares de encuentro de todos, y en que hemos logrado construir un relato mínimo, pero común, sobre el que elaborar la convivencia, como únicamente se puede: entendiendo al otro.

Para terminar, las últimas palabras del último discurso de Azaña, el 18 de julio de 1938 en Barcelona:”Paz, Piedad y Perdón”.