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domingo, 17 de noviembre de 2013

Desde la basura


En estos tiempos malditos donde lo normal y lo decente son noticia; donde el dolor, la frustración y la injusticia se esconden tras la esquina de cada Consejo de Ministros, el ejemplo de los trabajadores de la limpieza de Madrid me devuelve la esperanza de recuperar lo que siempre fue nuestro: la dignidad.

Lo que no es más que una opción, una maldita opción, que son las bajadas de salario y los despidos porque si, se ha convertido es una especie de fuerza de la naturaleza que transciende lo decible y nos convierte a los que la discutimos, no ya en peligrosos antisistema, si no en locos que niegan la realidad como el que se opone al Segundo Principio de la Termodinámica.

Los barrenderos de Madrid no han demostrado nada, simplemente nos han recordado evidencias con las que llevamos conviviendo casi doscientos años: que el poder de los trabajadores está en su unidad, en la vertebración de esta unidad por los sindicatos y en usar la fuerza que nos da la unidad con las viejas armas de la huelga y el diálogo social.

La matraca de la Caverna sobre si los sindicatos  son entidades corruptas y las huelgas herramientas desfasadas y violentas, impropias del siglo XXI, demuestran que ellos saben mejor que nosotros el poder que tenemos.

lunes, 28 de octubre de 2013

El Muro

Dos reflexiones me vienen a la cabeza después de ver “Infiltrators”, película documental libanesa que describe los intentos de la población de Cisjordania de cruzar el Muro de la Vergüenza.

A diferencia de otros muros, como el de Berlín, que impedía escapar, o el que separa Mexico y USA, que impide entrar; el muro israelí está diseñado no para de cercenar la ilusión de una vida mejor, como los dos anteriores, sino para impedir lo cotidiano, las acciones rutinarias que como comprar, rezar o visitar a los seres queridos, dan sentido a nuestras vidas.  En este contexto, visitar a tu madre que vive a apenas 15 kilómetros se convierte en una temeridad solo apta para jóvenes irreflexivos.


Pero impedir una vida normal en esta parte Palestina no es un fin en sí mismo, es simplemente el vehículo, que junto a las continuas humillaciones en los pasos fronterizos, pretende deshumanizar a la población para que acepten definitivamente que la ocupación es para siempre, y que en el reparto del escaso territorio ellos siempre se quedarán con los restos

martes, 24 de septiembre de 2013

Reflexiones sobre las elecciones alemanas


Tras las elecciones de 2009, y con los dos grandes partidos sumando apenas el 55% de los votos, todos los analistas pronosticaron el hundimiento de los Volksparteien que encarnan el consenso de Postguerra. Tras las elecciones del domingo, todo apunta a que este muerto goza de muy buena salud: SPD y CDU/CSU rozan el 70% de los votos.

Otra consigna repetida por tirios y troyanos: Alemania parece inmune a los batacazos de los partidos de gobierno en Europa. No es del todo cierto, Los Liberales del FDP, el partido que más veces ha gobernado en Alemania (en coalición con los dos grandes), se ha quedado fuera del parlamento.

Queda demostrado que quien pacte con Merkel cavará su tumba. Le pasó al SPD en 2009 y ahora es el FDP quien cosecha sus peores resultados en 70 años. ¿A quién podrán convencer los conservadores para que se suiciden esta vez?

Después de estas elecciones, el Parlamento Alemán es algo menos plural y paradójicamente más inestable. Por cierto, si tenemos que buscar semejanzas con otro país europeo nuestro viaje tiene que ir al Sur, a Portugal.

Como en Portugal, en Alemania la Izquierda Alternativa ronda el 20% de los votos y está escindida en dos partidos: Die Linke y Die Grünen, La Izquierda obrerista y las Postsesentayochista.

Solo en Grecia (y en Moldavia donde gobiernan) tiene un peso mayor esta izquierda alternativa. El oasis alemán es visto por millones de alemanes como un infierno de bajos salarios, precariedad y desigualdad (Conviene leer el artículo de Olivier Cyran en el número de septiembre de Le Monde Diplomatique)


Pero el resultado más sorprendente ha sido que desde antes de conocerse los resultados, nadie llegó a plantear un gobierno tripartito de izquierdas. Y no por falta de precedentes (en Berlín gobierna esta coalición), sino por la falta de voluntad política de los socialdemócratas que, hace ya mucho años, renunciaron a su tradición obrera para convertirse en un partido de funcionarios y clases medias urbanas acomodadas.