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viernes, 2 de agosto de 2013

Sobre las recetas del FMI


Varias consideraciones sobre el último informe del FMI:

  1. Los salarios en España son más bajos hoy, hablando en términos reales, esto es, descontada la inflación, que hace veinticinco años.
  2. La demanda interna, es decir lo que gastan en bienes, servicios e inversiones los nacionales, representa entorno al 60% del PIB de nuestro país. Bajando los salarios deprimiremos más aún esta importante partida de la contabilidad nacional.
  3. El peso de los salarios en el PIB ha pasado durante la crisis de representar el 47% a apenas el 40%. Los beneficios empresariales se acercan ya al 50%.
  4. Nada dice el FMI de moderar estos beneficios, y la razón no es tanto ideológica como que estos beneficios se están usando, en gran medida, en pagar la inmensa deuda externa, mayoritariamente privada, de España.
  5. Es aquí donde nos enseña una patita el Fondo: varios de los países que tienen más poder en él (Alemania o Francia) son también nuestros principales acreedores.
  6. Pero el pago puntual y ordenado de la deuda no sólo le interesa a los acreedores. El Sistema Financiero Internacional ha devenido en los últimos años en un inmenso edificio de papel, plagado de conexiones, donde cualquier título de deuda es como un cimiento sobre el que se crean cientos de productos derivados: si la deuda que sostiene el sistema no se paga, el edificio se va al garete. 
  7. Vemos por fin el interés que mueve las propuestas de FMI sobre España: dar unos años más de vida a un Sistema Financiero Internacional insostenible y moribundo a costa de las doloridas espaldas de la menguante clase trabajadora.
  8. No sólo es la ideología liberal caduca y utópica lo que les mueve, también es el principio de supervivencia. 
  9. Hemos llegado a un punto en el que algo tan de sentido común como pagar las deudas se ha convertido en una peligrosa arma de destrucción masiva. ¿Inversión de valores?

miércoles, 17 de julio de 2013

¿Qué habría hecho Cortazar con Barcenas?

Creo que fue en la entrevista del programa A Fondo de TVE donde Soler Serrano le preguntó a Cortazar sobre el porqué de Rayuela. La respuesta, magistral como todo en él, fue que la pregunta no era adecuada, que lo que él se planteó ante Rayuela fue si podía permitirse no escribirla.
Cortazar nos traslada uno de los viejos dilemas de la humanidad: ¿Somos sujetos o meros agentes?
Algo parecido le está sucediendo a Rubalcaba con la decisión de plantear una moción de censura al gobierno. Está claro que se va a perder, que va a poner en evidencia que no es una alternativa al PP, que no se está respetando el espíritu con que nuestras leyes definen este instrumento. Pero ante la evidencia de un presidente (no presunto) mentiroso, inoperante, endeble, corrupto y oportunista; y un partido que lo soporta (en las dos acepciones del verbo) totalmente alejado de la realidad, las preguntas que se debe hace la oposición son: ¿Nos podemos permitir no hacer nada?, ¿Puede el Parlamento transmitir la imagen de normalidad cuando en la calle se respira una situación de excepcionalidad como no se había visto en 70 años?
 Pues eso, que no joder, que no

sábado, 6 de abril de 2013

Mayo del Sesenta y Ocho


El Mayo Francés fue, para muchos de los que no lo vivimos, el momento en el que los sueños de libertad y cambio cobraron cuerpo. Jóvenes en la calle protestando contra una sociedad momificada y una clase política insensible a los nuevos tiempos que empezaban a soplar. Ese mes de mayo nació una nueva forma de lucha con la toma de la calle de forma más o menos pacífica: en Francia apenas hubo un muerto. Los movimientos ecologistas, de liberación sexual, racial y de género empezaron a vertebrarse al margen de los viejos partidos de la izquierda. Pero sobre todo, nació un nuevo relato para la izquierda. Los viejos partidos comunistas europeos, que desde la Segunda Guerra Mundial habían copado entorno al 25% del apoyo popular en Italia y en Francia, empezaron una lenta disolución. La lucha por la emancipación de la clase trabajadora pasó a un segundo plano, apartada por otra muy distinta: la liberación de las costumbres. La fábrica y el sindicato dejaron paso, durante unos días, a la Universidad y las asambleas de estudiantes, que por cientos, se constituían en las calles y plazas de París.

Pero aparte de la épica ¿Nos ha legado algo más aquel movimiento? Creo tajantemente que no. Y lo creo porque lo que aparentemente hoy tenemos de aquellos días, ecologismo, libertad sexual, igualdad de género; no son causa de aquellos días. Están más bien motivados por un movimiento de fondo, anterior, que también generó las revueltas de mayo.

La Europa Occidental había conseguido hilar más de 20 años de paz, prosperidad económica y, lo que era aún más difícil, unidad. A esto se añadía el altísimo porcentaje de población joven, hijos del Baby-Boom de la segunda mitad de los años 40 (sólo en Francia, en 1968 había casi un millón de personas con 21 años) , y una clase política que encontraba su legitimidad, más que en las urnas, que también, en haber hecho y ganado una guerra al fascismo. Era pues una sociedad opulenta y gobernada con unos valores y por una clase política de otro tiempo.

Mayo del 68 es un momento de exaltación de los sentidos, de bello desorden, de frases lapidarias, de querer aspirar a todo y de creer que los que estaban en la calle eran todos. Fue el eslabón perdido entre la Política de los partidos de masas y el egoísmo actual definido por “qué hay de lo mío”. Pero sobre todo fue el ejemplo del mayor error político que la izquierda en los últimos 40 años.

El movimiento se vertebró sobre principios de negación: querían acabar con una sociedad que los asfixiaba, con unos valores arcaicos y caducos. Era un movimiento sin líderes, sin propuestas más allá de algunas frases geniales. Se Compartía la necesidad de cambiar el mundo, pero no se sabía por cual. La única certeza era que lo que se tenía ya no era válido. Pero la historia, y la intuición, nos dicen que cuando una causa sólo se construye a través de la ilusión, y no mediante una estructura orgánica, tiene los días contados.

Las consecuencias no se hicieron esperar. Los obreros abandonaron rápidamente las protestas y volvieron a sus fábricas. En apenas un mes la mayoría de los estudiantes había vuelto a las aulas. París volvió a la normalidad, y para colmo, la derecha barrió en las legislativas de junio consiguiendo 396 de los 487 asientos de la Asamblea Nacional Francesa.

El ansia de cambio es tan buena como necesaria, pero si cada vez que algo no funciona bien del todo, proponemos derruirlo sin proponer más que una vaga declaración de intenciones de lo que se pretende, el fracaso está garantizado y un nuevo General De Gaulle, con barba y de Pontevedra, secuestrará durante unos años las políticas que den respuestas a tanto descontento.